lunes, junio 28, 2004

céline

Entrevistadores: ¿Ella -su madre- leyó sus libros?

Céline: Oh, no podía, no estaba a su alcance. Hubiera considerado que todo era grosero, y además ella no leía libros, no era la calse de mujer que lee. No tenía absolutamente nada de vanidad. Siguió trabajando hasta su muerte. Yo estaba en prisión. Me enteré de que había muerto. No, estaba llegando a Copenhague cuando me enteré de su muerte. Un viaje terrible, vil, sí...perfectametne orquestado. Abominable. Pero las cosas solamente son abominables de un lado, no olvidarlo, ¿eh? Y, sabe...la experiencia es una tenue lámpara que sólo ilumina al que la sostiene...y es incomunicable...Tengo que guardarme eso para mí. Para mí, uno sólo tenía derecho a morir cuando tenía una buena hisotria que contar. Entrar contar la historia y desaparecer. Eso es lo que es, simbólicamente, Muerte a crédito, le recompensa de la vida es la muerte. Viéndola...no es el buen Señor quien la gobierna, es el diablo. El hombre. La naturaleza es asqueante, sólo mírela, la vida de los pájaros, la de los animales.

(tomado de los reportajes de The Paris Review, trad. Mirta Rosemberg)

1 comentario:

esteban dijo...

hiiiijueputa!!!!!! qué jeta!