jueves, junio 24, 2004

La bachata incendiaria de Homero Pumarol



Sus poemas llegaron vía correo postal a la redacción de la revista miniatura que codirijo. La redacción es mi cuarto pero con la cama tendida. De entrada sus textos largos, donde los poetas cantantes “vienen por el Malecón desnudos”, “seguidos de los Reyes Magos, Los Ninjas y El Gran Dragón del Espacio”, “haciendo catas de kung-fu a medio día por la calle”, dando “patá y trompá”, me recordaron a Washington Cucurto, el dominicano apócrifo. Ambos carnavaleros, sí. Pero éste un Cucurto iniciado en los hongos. Me enganchó el desenfado que no cae en la indiferencia estoica (que viene a ser un lirismo sensiblero pero al revés) de los poetas duros de moda en el ínfimo continente de la poesía.

Empecemos de nuevo. Sus poemas llegaron vía correo electrónico a la redacción de la revista miniatura que codirijo. La redacción es mi cuarto cuando estoy bañado y con ropa limpia. Ya desde el primero que leí supe que lo incluiríamos en el siguiente número. Llamé a los amigos interesados en la poesía. Cuatro. Bueno, llamé a los que viven en Costa Rica, al otro le envié un mail. Les comenté un poco y cité esa frase genial con que termina el poema Daydreaming: “Voy camino a Cabo Engaño / Y lo que quiero es dinero”. Tres guardaron silencio. Uno respondió algo tipo la-poesía-no-es-soplar-y-hacer-botellas.

Poco se concluye de lo anterior. O por lo menos nada relevante. Supongo que algo se cumple si uno lee, en piyamas y en el cuarto que luego se convertirá en la oficina de redacción de una revista bonsái, los poemas de otro que dejó su ciudad por una con metro. ¿Eso me autoriza a proponer los poemas de Homero Pumarol para esta sección? Ensayemos otro descargo: No es para detenerse en el nombre que de no ser falso, parece. Nombre con la cadencia de sus poemas largos que nada le deben envidiar al ritmo de quién él mismo llama “Nuestro Señor Altísimo, Su Majestad Héctor Lavoe”. De los más breves rescato la construcción sincopada, de taquicardia que, considero, provoca y le sostiene la mirada al lector. Quizás la poesía no es soplar y hacer botellas, pero Homero hace de las suyas bombas molotov. En conjunto, su poesía da la impresión de una bachata incendiaria, una comparsa asesina que se abre paso en el metro cargada de humor (no de chistes) y agua para la fiesta de los winners. Los dejo con Homero y que su poesía se abra lugar como él mejor sabe: a “patá y trompá”.


“Daydreaming”

Soñar no cuesta nada.
Desde que vivo aquí
No hago otra cosa.

Sueño que un día seré
Recaudador de impuestos de aduana
O un guitarrero matahambre.

Que vendo chicharrón en una esquina
En bata, rolos y plantilla de media,
Espantando las moscas con un palito,

Que fumo tabaco negro sin filtro
Y que deseo la muerte de todos los españoles,
Los palomitos, los parqueadores de carros.

En fin, voy camino de Cabo Engaño
Y lo que quiero es dinero.

**
“Este poema”

De vez en cuando vuelvo a leer este poema.
Me gusta, es corto y fácil de olvidar.
No tiene asunto, anda rápido, no tiene tiempo.
Uno llega al final buscando otra cosa.

**



“Capricornio”

Nací sin suerte, donde quiera que voy
Parezco llevar conmigo el desastre.
Orita estuvo al revés -me grita mi mujer-
La cerveza está caliente y los chiles fríos.

Pero tenemos cosas lindas
a las que hay que echarle aceite
Como ese carro. Va a ser un clásico.

¿Qué canciones,
Qué camisas,
Qué flores tenemos?

En el jardín pusimos fertilizante
Y se nos cae el pelo.

¿Ustedes creen que yo estoy loco
O que los locos somos pendejos?

Al oír que algo se rompe
Es como que me salvé.

**

“Ilusiones con Bélgica Suárez”

Osteoporosis,
Dolores en la artritis,
Un programa conducido
Por la hermana más fea de la casa.
¿le cuesta mucho trabajo respirar?
Condones en ayuna,
Una receta de vegetales porcinos
Para mantener las cortinas sanas.

**


“Manners”

Qué fuertes son los desconocidos
Qué fuertes.
Adivinan los números del carro que pasa,
Leen signos y letreros al revés,
Open your bottle, close your eyes, dream up!

Siguen el rastro de los muertos
Y se van para los arrecifes
Donde no llegan las horas.

Te miran como una pistola recién engrasada
Y se te meten en los hombros sin tocarte.

Qué fuertes son los desconocidos
Qué fuertes.
Yo lo manejo como un caballero inglés.

1 comentario:

maluigi dijo...

suena bien homero!