martes, marzo 15, 2005

El bulldozer lisérgico de Hunter S. Thompson

“Estábamos cerca de Barstow, al borde del desierto, cuando las drogas empezaron a hacer efecto”. Esta es la primera frase de su libro “Miedo y asco en Las Vegas” (1971). Y tal vez sea también, sin temor a exagerar, una de las mejores primeras frases de la literatura de todos los tiempos. Dato, de cualquier modo, superfluo.

Hunter S. Thompson, colaborador de periódicos, de revistas como la Rolling Stone y autor de varias novelas y colecciones de cuentos, metió los deditos del periodismo en el enchufe de 220 voltios y abrió a patadas un corredor por el que siguen transitando muchos de sus epígonos. Su impronta fue la de un periodismo (también transplantado a la narrativa) que, renunciando a toda pretensión de objetividad, parte de la primera persona del singular y se ocupa de los hechos laterales, de la menudencia, de lo insignificante. Eso aderezado con una escritura de primera intención, sin devolverse a corregir: un bulldozer que dejaba a su paso los escombros de la corrección política, el progresismo y la alta cultura. A ese estilo crudo y ríspido le llamó gonzo journalism. Nadie nunca supo definir este término, ni siquiera él. Lo cierto es que suena a algo ilegal, cancerígeno y/o herético. Lo cierto es que sus baterías apuntaron tanto a desenmascarar la hipocresía de una profesión que cuando no era complaciente, era esnob; como a ridiculizar al –aún hoy– aparentemente indestructible concepto del American Dream.

Thompson hizo de los psicotrópicos la otra herramienta del periodismo, a la par del teclado. Si bien no recomendaba el alcohol y la cornucopia lisérgica al público en general, reconocía que sin éstos nada habría escrito. Pero no toda su existencia se reduce al consumo indiscriminado de sustancias alucinógenas, cuando estaba limpio y le invadía el amor por la vida y la naturaleza, apostaba a diestra y siniestra en los casinos. Un currículum edificante.

En los últimos años, y como parece inevitable a personajes de su estirpe, Thompson se había convertido en una caricatura de sí mismo. Cuando los mismos medios que otrora él había defenestrado le pedían opinión sobre algún tema, se esperaba de Thompson la respuesta del bufón de la corte, la del exprovocador convertido en payaso, la del viejo borracho y amargado. Acaso quedaba la estela del iniciador del trip periodístico, del inventor de lo que bien se podría llamar periodismo trash.

Además de ese viaje de ida, vuelta e ida de nuevo a las drogas que es “Miedo y asco en Las Vegas”, sus otros mejores momentos son “Los Ángeles del Infierno” (1966), crónica de su convivencia con la tristemente famosa pandilla de motociclistas; y la mal traducida “La gran caza del tiburón” (1979), donde se identifica -a su manera nada protocolar- con los coprotagonistas del relato.

Solo en su casa de Woody Creek, en las montañas de Colorado, Hunter S. Thompson, nacido en 1939, se pegó un tiro en la cabeza el domingo 20 de febrero pasado. Enhorabuena.

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1 comentario:

sportsbook dijo...

Estábamos cerca de Barstow, al borde del desierto, cuando las drogas empezaron a hacer efecto
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ese comentario me hizo rrefleccionar,de que en el mundo de las drogas terminas en un desierto aislado de tu familia de tus amigos y de la sociedad
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