viernes, enero 27, 2006

cat boxer

Los guantes de oro diminutos en el disco nuevo de Cat Power. Los guantes de plomo que esperan a este. Dos favoritos en uno.

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maleable

Mañanas nubladas y frescas, tardes con sol. O viceversa. El clima como el país, a lo que venga. Así, acomodándose a los caprichos de la naturaleza y de la tecnocracia, el repertorio del winamp, mientras trabajo, pasa de la alegría bizarra de Clap Your Hands Say Yeah a las etapas más oscuras de Giorgio Moroder.

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martes, enero 24, 2006

inventario de viaje a la costa del pacífico

Unos días con sus noches en Malpaís y Santa Teresa. Vi los pelícanos de Patricia Suárez y los cocos asesinos de Homero Pumarol. Vi pizotes, ballenas, iguanas, garzas y unos peces azules minúsculos y fosforescentes nadando en las pozas que se forman en las rocas cuando baja la marea. También las gaviotas que nos seguían en la terraza del ferry para que las alimentáramos con snacks ultraquímicos. Vi amigos, vi a los hijos de los amigos. Vi a los amigos y a los hijos de los amigos encender una fogata en la noche y así cumplir con ese ritual que nos acompaña desde no sabemos cuándo. Vi el mar cada noche antes de dormirme y lo vi también cada mañana al despertarme. Vi una cometa multicolor inmóvil contra el cielo limpio, vi que la cuerda invisible que la sostenía llegaba hasta mis manos. Vi caricacos de todos los tamaños rodeándome mientras meaba en la arena. Vi, en el fondo de la mochila, el lomo de la novela de Dos Passos que ni siquiera llegué a abrir. Vi los objetos que el mar deposita en la orilla: una piedra con forma de cassette, una rama con forma de linterna, una lata de birra con forma de lata de birra. Una tarde cerré los ojos y vi muchos viajes ya borrosos del pasado e imaginé paseos futuros en esta misma costa. Antes me parecía triste que la vida se pudiera reducir a listas breves, a enumeraciones. Ahora, no sé bien por qué, me tranquiliza.

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viernes, enero 13, 2006

reiser patea el tablero

fue cortesía de césar maurel presentarme hace un par de años a jean-marc reiser. hoy me lo topé otra vez. la novedad está siempre en el pasado, así que va recomendación primera para este 2006.

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miércoles, enero 11, 2006

tarjetas del protofascismo tropical II

-Terminal del Atlántico Jueves 5 p.m. Seguido por nubes casi imperceptibles (las más tóxicas) de monóxido de carbono, sale nuestro bus con destino a Puerto Viejo. Dormido gran parte del trayecto, entregado a las bondades del clonazepán, sólo recuerdo el olor de los muslitos Pipasa consumidos minuciosamente hasta el hueso por la pareja de adelante.
-Como es Puerto Viejo y como todos los que regresaron a San José el día antes juraban sol radiante en cielo sin nubes, bajamos primeros del bus y el pie que pisa suelo limonense es el que activa las compuertas del inevitable temporal costeño.
-De noche en Stanford, frente a la playa, bailamos en chancletas los hits de la banda sonora del subdesarrollo. Bailan los josefinos, los liguistas, los locales, los surfos del lugar, los surfos extranjeros (tan poco útiles fuera del mar), hasta los botes anclados a pocos metros parecen llevar el ritmo 2x4. Bailamos todos menos la gorda adolescente de la barra. A esa nadie la invita.
-Es cierto que el sueño de un terrenito en la playa lo enterramos junto con la clase media hace ya un par de décadas Pero ¿un desayuno de U$S 5 per cápita en el pequeño hotel que empieza a perder el pulso con la selva: cinco dólares por café, jugo, pan y frutas?
-Caminata de Puerto Viejo a Cocles por la playa desierta. Cable a tierra. Nos cruzamos con una tortuga que, a la velocidad de la evolución, entra de nuevo al Caribe, al Atlántico, al mar de las canciones simples, los ahogados y los peces. Entonces llueve otra vez y nos resignamos a una tarde fotos en el cuarto del hotel.
-En el viaje de vuelta: 85% gringos en el bus. Gringos adolescentes que hablan de sus viajes filantrópicos por Sudáfrica, Malasia y Centroamérica; camisetas de los gringos con logos de asociaciones evangélicas; gringos enchufados a sus iPods dormidos sobre el hombro de otros gringos; gringos tirando basura orgánica por las ventanillas. Turismo de cuarta. Y es por este turismo de cuarta que ahora pagamos cinco dólares por un desayuno cualquiera.
-Las ventanas del hotel daban al mar. ¿Por qué las dejamos cerradas en la sesión de fotos?
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miércoles, enero 04, 2006

35 de diciembre

primera semana de enero: días en que nos movemos a los tumbos, tratando de actuar con naturalidad en el trabajo después de las hartadas y bebetingas de la última mitad de diciembre.

hoy salí temprano a hacer un poco de deporte. para compensar. y trotaba por zapote, curridabat, san pedro y veía a la gente que salía recién bañada de sus casas enrejadas y de pronto pensé en un poema de mónica que publicamos en la revista en aquel cambio de milenio que ya parece perdido en el pasado.

mónica hablaba precisamente de esos días de enero que en realidad podríamos seguir sumando a los de diciembre. aquí va.


38 de diciembre

Este fin de año no se acaba. Hoy desperté en Montezuma, cosa nada extraña si no fuera porque anoche estaba en Puerto Viejo. Cruzar del Caribe al Pacífico sin darse cuenta. Atravesar el país con los ojos cerrados. Como todo el mundo.

Me duele la cabeza y me quedé sin boletas. Después de esta semana járcor, mis amigos ya no son amigos. No voy a hacer, como siempre, esa estúpida lista de objetivos para el nuevo año. Más bien, arrancaré al garete, a lo que venga. Lo primero es buscar el periódico, leer el horóscopo, y ver si alguien me explica la simbología de empezar el milenio con los mismos calzones desde hace una semana.

Mónica Galindo - Costa Rica - 1980 - Poeta, narradora y recepcionista. Tiene inéditos los poemarios El cajón de cochinadas de la Sra. Fournier y Sacate ese chiverre; así como las series de cuentos Ni que tuvieras tetas y Bulimia time.

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