domingo, junio 10, 2007

hagiografía

El pasado 24 de mayo, Osvaldo Sauma hizo de anfitrión de Juan Gelman en su lectura en el Festival de Poesía. No pude ir esa noche pero el sábado anterior Sauma vino a casa y entre whiskies y goles de la sele a Chile me pasó el texto con que presentó al traductor de Sidney West.

LA RESISTENCIA DE LOS IMPRESCINDIBLES

por Osvaldo Sauma

Estoy seguro de que no todos los poetas son santos y se van al cielo, como lo afirma el poeta colombiano Gustavo Cobo Borda, es más, algunos de ellos deberían estar largo rato en el purgatorio y hay otros que no tienen ningún interés en ser santos o en llegar al cielo. También sé, que el poeta Juan Gelman no persigue el cielo prometido sino que reine la justicia sobre la faz de la Tierra. Sin embargo, no encontré nombre más apropiado para nombrarlo: por su apostolado, por su justa cólera de buey y por ese amor para con todos los olvidados del mundo.
De todos es conocido que sólo el dolor redime al hombre ; sólo el que atraviesa las llamas del sufrimiento, alcanza la grandeza del espíritu noble, ese que se da sin miramientos a los demás. El que combate contra la injusticia con toda la ternura de un corazón de niño, que jamás envejeció.
Si uno, con sus nimios dolores y sufrimientos, a veces no quiere ver la luz solar,¿ Cómo imaginarse , entonces, el peso de toda la vileza humana sobre tus hombros, todo el ensañamiento de los sin sangre, sobre tu apretujado corazón?,¿ cómo puede haber tanta resistencia en una sola alma?, ¿cómo en medio de una tristeza indeleble, se puede seguir repartiendo amor y bondad?
¿ Será, acaso, esa cofradía de almas gemelas lo que lo sostuvo, lo que no le permitió claudicar?, ¿ será el poder de la palabra, del trasiego de la palabra; del poeta ajeno donde nos leemos, lo que lo elevó sobre las cenizas?, ¿acaso como a César Vallejo no le daban duro con un palo y duro también con una soga?,¿acaso no sufrió persecución, como San Juan de la Cruz, por los seres más oscuros del planeta?, ¿acaso no cantó al unísono con Roque Dalton el poema de amor a los guanacos: los tristes más tristes del mundo /mis compatriotas/ mis hermanos?
Todo parece indicar que ellos fueron su refugio, él hablaba con ellos en silencio como Fernando Pessoa hablaba con los cuatro poetas que llevaba a dentro. Como hablaba con Santa Teresa para un mayor consuelo:¿Cómo es posible /que viviendo esta derrota/ tu amistad/ me cure el alma?
O bien cuando le pide a Dios que se baje: bájate /si estás/ que busco/ resignación en mi y no tengo y voy/ a agarrarme la rabia y a afilarla/ para pegar y voy/ a gritar a sangre en cuello/ porque no puedo más, tengo riñones/ y soy un hombre.O cuando le pregunta ¿decime una cosa /Dios/ vos que pasaste la aduanas de Orly/ ¿cómo son las aduanas del cielo?/ ¿ nos van a dejar pasar a todos/ para que podamos reunirnos de una vez?.
Del mismo modo habla con su hijo: cuando pasa volando por aquí/ El rostro de mi hijo pasa volando por aquí/ el brillo del rostro de mi hijo por aquí , tortolea.
Cómo no llamar Santo a este sobreviviente de tantas injusticias, que se redimió a través de la poesía, de la soledad y el silencio de la poesía, para redimirnos, a través de ella, a todos nosotros. Cómo no llamar santos a sus amigos más cercanos, a los que nacieron un día/ que Dios estuvo enfermo.¿ Cómo no celebrar con él y sus almas gemelas; si nos enseñan a combatir: contra las injusticias insoportables/ las vergüenzas/ las humillaciones insoportables ?
Aunque intenté quitarle el carácter sacro a este bosquejo, no pude, ha de ser porque de niño leí, como si fueran héroes de otros lares, las vidas de los santos. Por eso: bendito seas Juan Gelman: por señalarnos el camino de la dignidad, de la resistencia de los imprescindibles, por devolvernos, a través de tus poemas, la fe en el ser humano.
Para terminar quisiera compartir un poema del libro: Bajo la lluvia ajena, del poeta Juan Gelman.


IV

Yo no me voy a avergonzar de mis tristezas, mis nostalgias. Extraño la callecita donde mataron a mi perro, y yo lloré junto a su muerte, y estoy pegado al empedrado con sangre donde mi perro se murió, existo todavía a partir de eso, existo de eso, soy eso, a nadie pediré permiso para tener nostalgia de eso.
¿Acaso soy otra cosa? Vinieron dictaduras militares, gobiernos civiles y nuevas dictaduras militares, me quitaron los libros, el pan, el hijo, desesperaron a mi madre, me echaron del país, asesinaron a mis hermanitos, a mis compañeros los torturaron, deshicieron, los rompieron. Ninguno me sacó de la calle donde estoy llorando al lado de mi perro. ¿Qué dictadura militar podría hacerlo? ¿ Y que militar hijo de puta me sacará del gran amor de esos crepúsculos de mayo, donde la ave del ser se balancea ante la noche?
No era perfecto mi país antes del golpe militar. Pero era mi estar, las veces que temblé contra los muros del amor, las veces que fui niño, perro, hombre, las veces que quise, me quisieron. Ningún general le va a sacar nada de eso al país, a la tierrita que regué con amor, poco o mucho, tierra que extraño y que me extraña, tierra que nada militar podrá enturbiarme o enturbiar.
Es justo que la extrañé. Porque siempre nos quisimos así: ella pidiendo más de mí, yo de ella, dolidos ambos del dolor que el uno al otro hacía, y fuertes del amor que nos tenemos.
Te amo, patria, y me amás. En ese amor quemamos imperfecciones, vidas.

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9 comentarios:

Anónimo dijo...

que se podria decir de Gelman: un hombre bueno y ademas buen poeta.

Julia Ardón dijo...

Hermoso. Lo enlacé en el pez. Gracias por compartirlo.

tetrabrik dijo...

me ñaxtra ;)

anónima dijo...

gracias por la generosidad...siempre aprendo cuando paso por acá...hoy además me llevo algo que pasa por la garganta y se traga con dificultad

Pedro José dijo...

Excelente!!!

Vanessa dijo...

Gracias, se lo pasé a mi compañero que es argentino.

Vanessa

naty dijo...

Me ganaste...
Yo estuve ahí. Fue sublime.

Literófilo dijo...

San Juan Gelman, martir de dictaduras cuyo milagros se versan en libros, cuenta la tradicion que todo aquel que lo lea comprende de poesia, gracias Juan por el trago de ron en tortuguero y por decir que mis microcuentos eran buenos poemas, salud.

Anónimo dijo...

literofilo deja de hablar mierda