lunes, agosto 27, 2007

caravana

Me pica el grano de la rodilla. Lo rasco primero con cuidado de no arrancarlo. Poco a poco, ya preso de un impulso incontrolable, lo rasco y trato de levantar sus bordes con lo que queda de unas uñas que durante el día fui recortando con los dientes. Tengo 7 años y, para este momento, una herida otra vez sangrante que dejará cicatriz permanente. Es el final de una tarde de vacaciones, la contabilidad del día es inusualmente neutra: mamá salió para el trabajo después de haber llorado otra vez, pero anoté dos goles (uno de taquito) en la mejenga sagrada de las tardes con los amigos del barrio, partido que terminó cuando Milton -requerido por su madre- se llevó la bola.

Todavía ni lo sospecho pero este día quedará grabado en mi memoria y volverá cada tanto como la noche que, 30 años en el futuro, me voy a sentar a contarla. Se acaba la tarde y, ya solo, camino por las calles de ese barrio clase media hasta llegar a la principal: la carretera que conecta a Barva con el centro de Heredia. Me siento el borde de un lote baldío a ver pasar los carros y regresar al inicio de este relato, a rascarme el grano de la herida con una cautela gradualmente sustituida por una pulsión extraña hacia el dolor. Estoy ahí cuando todos los vecinos regresaron a sus casas porque evito volver a la mía, pero eso lo digo ahora que elaboro un argumento imposible para mi cerebro de 7 años. Hago sangrar mi rodilla, arranco mala hierbas que llevo a mi boca, escojo piedritas que ordeno en filas simétricas, veo carros pasar con una mirada que, sin motivación consciente, no es mía sino que pertenece a la especie que hace millones de años se paró sobre sus pies.

Entonces sucede. Una biología de 7 años, semianalfabeta aún, ve pasar la breve caravana del circo Miller. Acaso tres vehículos desvencijados, con el logo pobre del circo en los costados, un altoparlante que anuncia sus funciones del fin de semana en aquel pueblito insignificante y, en el último camión, dos elefantes viejos y flacos como pasas exageradas. No hay nadie más, estoy ahí sentado dejando al tiempo hacer lo suyo, 7 años de habitar el planeta y veo elefantes en vivo por primera vez.

Me rasco una vez más, escupo de lado, como siempre, tratando -sin lograrlo- de hacer blanco en la fila de piedritas, me levanto y enrumbo hacia la casa. Cruzo el portón y siento el olor del puré de papas, mi preferido, que me anuncia que llegó mamá. Saludo sin contacto físico, porque no conozco otra manera. Me siento en silencio a la mesa y la veo cocinar y secarse los ojos cada tanto con el limpión. “Ma –digo- llegó el circo Miller a Barva, ¿me lleva el sábado?” “Dejate de babosadas” contesta, mientras me pone el plato en frente.

Ceno solo, veo un poco de tele y rumbo a mi cuarto paso la puerta cerrada de la habitación de mi madre. Ya metido en la cama, las sábanas pegadas a la herida abierta de las rodillas, dejo la lámpara encendida hasta que llegue el sueño, clavo la mirada en el cielo raso sin ninguna sensación particular. Afuera el canto de los grillos crece en la noche. Igual que hoy.

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23 comentarios:

cristian dijo...

me sentí como solo.

yo recuerdo el circo miller, lo recuerdo instalado cerca de mi casa: una carpita amarilla donde -imagino- apenas cabían los dos elefantes-pasa, y los carrillos de perifoneo cada 30 minutos. "se va, se va".

Roberto dijo...

El texto salio en la Colectiva ¿cierto?

juan sobalvarro dijo...

Me parece un excelente relato. Arranca sin alardes. Tiene varios clímax como la imagen de los elefantes-pasas, como cuando la madre dice "dejate de babosadas" y la farse final que es un golpe bien dado.
Alguna vez metí gol de taquito y tuve granos en las rodillas, pero nunca he visto un elefante en vivo. También me sentí solo, pero iluminado.

agus dijo...

siete años nomás...

Anónimo dijo...

"El tiempo es un niño que juega, que mueve sus peones; de un niño el mando..."

Mauro dijo...

Es asunto es ¿cómo volver a casa, Qué granos rascarse ahora y qué son los elefantes que pueblan nuestra incertidumbre del regreso?
Feliz cumpleaños, Chaves.

itzpapalotl dijo...

nunca fui al circo. siempre fue para otros.

pixie dijo...

este lo leí antes, puede ser?

tetrabrik dijo...

sí, roberto, salió en la colectiva del circo.

pixie, mmm, no recuerdo.

gracias cristian, y juancito sobalvarro (broder, estuve el fin antepasado en granada)

mauro, agus, 38 años y contando o descontando, no sé.

itz, yo tampoco, sólo vi pasar las caravanas.

Malasombra dijo...

A mi pueblo nunca llego el circo; solo los "cabezones" sobre los charcos daban el espectaculo en el invierno.

que buen relato!

a ver cuando regreso al taller.

Un abrazo luis!

queque cn leche de soya dijo...

Yo sí fuí a ver el Circo Miller, estaba colocado exactamente a 400 metros de la casa de mis padres, ahora cuando camino por ahí también recuerdo la carpa y ese circo de tercera, que ahora sé que era de tercera, pero a mí me encantaba. Igual me siguen gustando los circos deprimentes. Son los recuerdos que no se van.

felicidades

un día dsps

juan sobalvarro dijo...

¡Que bárbaro Luis! en Granada y no avisás. Para la próxima.

Gustavo Adolfo Chaves dijo...

Sólo bueno, sólo en Tetrabrik... El circo que yo recuerdo fue unos años después, el de los hermanos Sárez.

blogworkorange dijo...

No recuerdo si fueron Los Hermanos Fuentes Gazca o Suárez, la cosa es que dejaron a dos osos polares, después de alimentarlos con tomates podridos en una temperatura de dos grados menos que en el Infierno, en una jaula del aeropuerto, y a los elefantes arando en algún campo dominicano. Son unos abusadores.

Gallina con gripe dijo...

Mae, usted a veces me gusta tanto.

paula dijo...

siga con las abosadas!!

(qué buena palabra, por otro lado)

esperamos su visita, pronta
attentamente,
pp

Homo surfus dijo...

Aaaahhh... el circo...!!
Qué magia tiene el circo.
Me queda clavada como semilla de esperanza su "el show debe continuar", siempre es el calafate que sostiene mis barcos fantasmas.

tetrabrik dijo...

gracias malasombra, gustavo, gallina

juan, sorry pero fue un viaje relámpago. los extrañé más sabiendo que estaban cerca.

paula, necesito un mecenas o un número de lotería gandor

Anónimo dijo...

lo leí de nuevo, varios días despues y vi más cosas...

you rock!

emilia dijo...

he ahí la génesis de un tiernazo que ni por camino de sombras se convertirá en un chico malo.

qué lindo relato, de veras.

CAAZ dijo...

Eso me llegó. Y feliz cumpleaños!

EmmaPeel dijo...

buenísimo
sldos

tetrabrik dijo...

gracias emmapeel! slds de vuelta.