lunes, octubre 01, 2007

amarillo cian y magenta

No llegué más allá del primer jazz. Del que podríamos llamar clásico. Se me acabó el aire unos metros antes de la línea de salida del jazz fusión y de las variantes que siguieron. No me basta con saber que en general lo hacen músicos talentosos, no me convence el argumento del virtuosismo. Es cuestión de gustos. No me mueve nada, me aburre, siento que quedo fuera, que se trata de música para músicos. Se escucha sentado, con cara de estar aprendiendo algo. Nadie baila jazz y quien se atreve se ve, en el mejor de los casos, ridículo.

Una noche, hace un par de años, en un intermedio del Papaya Fest, pregunté quién seguía. “Amarillo Cian y Magenta –contestó alguien- un grupo de jazz”. Impulsado por un reflejo casi biológico empecé a caminar hacia el Morazán. Antes de llegar a la salida de la explanada del concierto, arrancó la primera pieza de Amarillo Cian y Magenta. Concediéndole el beneficio de la duda, me quedé, seguro de que en cualquier momento iban a entrar a ese país del jazz para el que no tengo visa. Por el contrario, cada tema que tocaban iba alejando al Morazán de mi horizonte inmediato. Aquello que hacía el grupo de músicos que se plantaba en el escenario como quien se para en un trampolín tenía la fuerza gravitacional, el poder imantador, que, en mi caso, nunca había sentido del jazz fusión.

El mundo da tantas vueltas que parece que no se mueve y hoy, algo que no imaginé la noche de aquel concierto, me toca acompañar a Amarillo Cian y Magenta en la presentación de su primer disco. No soy músico, ni crítico de música, pero como muchos de ustedes, un buen tema puede hacer, mientras dura, una o varias de estas cosas: alegrarme el día, hablar por mí, ponerme en mi lugar, invitarme a reflexionar, depositarme en otra galaxia.

Nómadas, el disco debut de ACM, tiene ese poder. Un conjunto de piezas que crean y habitan un sonido reposado, una arquitectura minimal, una atmósfera ubicada en el extremo opuesto del ruido, de la estridencia, de la ornamentación. Si bien el punto de partida tiene que ver con una ética del jazz, ACM se desplaza rápida pero elegantemente hacia otros rumbos. Sin anunciarlo, rozan el rock sinfónico, el drum and bass, la percusión latina, el reggae, el espíritu del lounge y el ambient. Es difícil etiquetar el resultado, digamos que es un jazz lo-fi, un fusión a contravía.

Cada tema del disco tiene su superficie, cada una su profundidad. Con este disco, ACM logra algo raro entre los grupos instrumentales. Si uno se concentra, escucha la letra de cada canción.


(Tenía que leer esto el día de la presentación del disco la semana antepasada. No fui pero lo leyó Sauma en mi lugar.)
--

7 comentarios:

Literófilo dijo...

Muy bueno este grupo, muy muy bueno.

agus dijo...

muy bien, ¡ahora quiero escucharlos!

Kumar Ineproc dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Julia Ardón dijo...

Me identifico totalmente con tu comentario. El jazz. y la música.
Hay músicas de músicas...

ellos son lindos...emocionan...

Anónimo dijo...

ahora es usted crítico de música? encuentre oficio luis chaves

Roberto dijo...

Honesto por lo menos. A mi ACM me matiza un vergo. Anonimo, informese, los maes le pidieron a Luis el texto.

Naty dijo...

Un gran disco efectivamente. Un viaje.