sábado, octubre 27, 2007

las tres divinas personas

(esto se publicó en lo que ahora parece un remoto año 2000)

Las tres divinas personas
(relato de autoayuda en tres entregas)

i
Se llama Antonio pero le dicen El Penca. Fue conmigo a la primaria. Comía mocos y le olía el sudor. Estamos hablando de carajillos de ocho años. Su tata era periodista, dato fácil de recordar porque nadie más en la clase tenía padre profesional. Luego me mudé a otra provincia y no lo vi más hasta hace un par de meses en un bar de San Pedro, donde lo encontré tomándose unos tragos con una chavala. Sentados en la barra me dice que se fue dos años a Los Chiles a trabajar en una finca, para huirle al perico y a la piedra. Que ya no daba más. Está mejor ahora, dice, tiene brete y novia. Se llama Lourdes y me la presenta. Después de unas birras ella se levanta y se dirige a “damas”. Tiene el coño cerradito, me dice El Penca, mirándola cómo se tambalea por el licor. Cerradito como el hueco del culo, me dice después, mirándome a los ojos. Por qué te decían El Penca, le pregunto. No me acuerdo, contesta y no dice más. Mi mano, hasta el fondo del bolsillo izquierdo, juega con la última punta que me queda (mil quinientos, mucha acetona, peor es nada). Vuelve Lourdes y El Penca se levanta para ir al orinal. Lourdes está borracha, sonríe. Le hablo cualquier cosa, ella me toca la pierna bajo la mesa y sigue sonriendo. Me dice que necesita un pase, que El Penca la mata si se entera, que si no tengo que por lo menos mecha. Que ella no quiere hacerle daño al Penca, que le ha tocado difícil al pobre, vos sabés, lo de la droga y lo del tata. Qué del tata, le pregunto. El atentado en La Penca, me dice. Sin mucho esfuerzo recuerdo aquellas noticias en la época de los sandinistas. Una bomba, varios heridos y muertos, periodistas sobre todo. Ah, respondo y le subo la mano hasta donde quiero sentirla. Le digo que sí ando pero que mejor en mi apartamento porque habría que picarla, que la espero después de las dos. Entonces le explico cómo llegar. Regresa El Penca y me despido.

No supe nada más del Penca. Alguien dice que lo vio durmiendo acurrucado contra la pared de la iglesia, al costado norte, donde no pega tanto viento de noche. Le ha tocado difícil al Penca, mala suerte. Pero también es un mentiroso. Lourdes no lo tenía tan cerradito.


ii
Ni los números verdes intermitentes del reloj del vhs; ni los rayitos de polvo que entran por la rendija de la ventana; ni el espejo de cuerpo entero en la puerta del closet en el que se está viendo las nalgas; ni la foto de los dos cuando posaron de la mano bajo la catarata de Montezuma con ese efecto arco iris que les queda tan bien por encima; ni eso ni la sonrisa medio fingida medio de agradecimiento a la suegra que los deja vivir temporalmente en su casa; ni el recuerdo vago de un hombre grande que la llevaba a Plaza Víquez cuando niña; ni el número de su ex mejor amiga tachado en la libreta de teléfonos; ni las ganas de salir hoy en la noche; ni la esperanza de mantenerse todavía limpia -una noche más sin droga-; ni la idea de algún día tener su apartamento con cuarto y baño propio, agua caliente y tele con cable; ni la acetona con que se limpia el esmalte negro de las uñas; ni ese olor que le recuerda algo, tampoco eso; ni sus piernas largas y firmes; ni sus tetas ni grandes ni pequeñas; ni el roce con la blusa de polyester que le endurece los pezones. Nada de eso. Nada va a cambiar lo que dice el sobre que la espera, todavía cerrado, en el Laboratorio Clínico Jerusalén: Solís Hernández, María Lourdes, cédula 1-889-645, referencia: 64108, método: Prueba Western Blot en la sangre, resultado: positivo.


iii
Había un armario donde mamá guardaba todas sus cosas de coser y la ropa que había dejado mi tata. Había una puerta grande de nazareno que cuando lo velaron estuvo abierta toda la noche. Tenía siete años y no lloré. Un tiempo luego escribí una canción pero no se la enseñé a nadie, no sé bien por qué, creo que por timidez. Eso es lo único que recuerdo de la infancia, después todo pasó muy rápido. A los quince mamá me echó de casa cuando vendí su Singer para comprar perico. Tuve mil trabajos temporales: jalando bolsas en un súper, repartidor de lácteos, panadero en La Selecta, ayudante de mecánico, bartender. Ahí fue cuando casi me termino de hundir. Al renco lo empujan. Salí huyendo de la capital, conseguí trabajo en una finca en Los Chiles. A varios kilómetros de allí, en La Penca, fue donde mataron a mi tata. Extraña coincidencia. En dos años no me metí nada. Pero decidí volver, no sé bien por qué, supongo que porque soy de ciudad. Necesitaba el olor del asfalto después de un aguacero, los supermercados con sus largos pasillos blancos y sus estanterías todas en orden, las luces rojas de los carros que algunas veces me parecían ojos de animales nocturnos. Tengo cuatro meses de trabajar como chofer de empresa de tours. Conocí a una mae, un año menor, Lourdes. Es una máquina de coger. También tiene su historia pero dice que conmigo está bien, que se siente fuerte. A mi máma le compré una Singer, un modelo más nuevo. Vivimos con ella, por ahora. Yo también empiezo a sentirme fuerte. Creo que vienen tiempos mejores. Sé que vienen tiempos mejores.

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18 comentarios:

Julia Ardón dijo...

Recuerdo la Penca. Yo trabajaba en un periódico. Era fotógrafa. Mi primer trabajo de fotógrafa. Me enojé mucho porque no hubo plata para pagarme los viáticos para la conferencia de prensa, que organizaba Robelo.
Por eso no fui, ni yo ni un reportero.
Yo en ese entonces no tenía lentes largos, teles...siempre me acercaba mucho a los fotografiados...
no estaría contando esta historia...

Así es la vida.
Tenía yo como 20 años.

Te cuento este pedacito de verdad porque leo la verdad en estos cuentos. Son verdad.

luis fer dijo...

La Penca
Viviana Gallardo
Tres Pelos
Arnoldillo
El macho rapso
GW

Tremendo line up!!

excelente.

César Maurel dijo...

Sólo faltas vos Luisfer.

Anónimo dijo...

Máquina de coser VS máquina de coger.

www.lafotosaliomovida.com dijo...

Ay no!

Roberto dijo...

Gracias Chan.

ecr dijo...

kicking serious ass desde hace buen rato, señor

tetrabrik dijo...

julia, te fue bien. en cuanto a esto, bueno, es una forma de realidad que se llama ficción.

salú

esteban dijo...

como dicen en ese programa decadente Bienvenidos (sí a veces me lo echo) "viejo viejo viejo, pero bueno bueno bueno."

Silvia González dijo...

como diría un tal Fidel:

"se que a veces miro para atrás..."

tetrabrik dijo...

yo tengo el cuello torcido de eso

Kumar Ineproc dijo...

está muy bueno, muy bien aramado.

ionito dijo...

Si doy fe.
Compre el librito ese, en una lectura en VOX.
Flacucho, no parecia joder a nadie.
Y en el primer zapping de libro, caer en el OBjeto del deseo.
Bueno, no es algo facil.

Y estos textos, bueno, suerte que en la tapa hay un boxeador a modo de advertencia...

Kumar Ineproc dijo...

cerradito, quiero decir.

tetrabrik dijo...

:)

maluigi dijo...

estuvo tuanis...salu

Gallina con gripe dijo...

Yo leí el libro. Me golpeó bastante, le guardo cierto resentimiento...

Floriella dijo...

Tu estilo, Luis, el mismo del primer texto que te leí, el que me encanta, el que atrapa del pezcuezo al lector y no lo suelta hasta que se llega al punto final. Genial.