martes, octubre 30, 2007

latinale

En Berlín.

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trivia (rondas infantiles)

One for sorrow two for joy
Three for girls and four for boys
Five for silver six for gold and
Seven for a secret never to be told
Theres a bird that nests inside you
Sleeping underneath your skin
When you open up your wings to speak
I wish you'd let me in

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sábado, octubre 27, 2007

las tres divinas personas

(esto se publicó en lo que ahora parece un remoto año 2000)

Las tres divinas personas
(relato de autoayuda en tres entregas)

i
Se llama Antonio pero le dicen El Penca. Fue conmigo a la primaria. Comía mocos y le olía el sudor. Estamos hablando de carajillos de ocho años. Su tata era periodista, dato fácil de recordar porque nadie más en la clase tenía padre profesional. Luego me mudé a otra provincia y no lo vi más hasta hace un par de meses en un bar de San Pedro, donde lo encontré tomándose unos tragos con una chavala. Sentados en la barra me dice que se fue dos años a Los Chiles a trabajar en una finca, para huirle al perico y a la piedra. Que ya no daba más. Está mejor ahora, dice, tiene brete y novia. Se llama Lourdes y me la presenta. Después de unas birras ella se levanta y se dirige a “damas”. Tiene el coño cerradito, me dice El Penca, mirándola cómo se tambalea por el licor. Cerradito como el hueco del culo, me dice después, mirándome a los ojos. Por qué te decían El Penca, le pregunto. No me acuerdo, contesta y no dice más. Mi mano, hasta el fondo del bolsillo izquierdo, juega con la última punta que me queda (mil quinientos, mucha acetona, peor es nada). Vuelve Lourdes y El Penca se levanta para ir al orinal. Lourdes está borracha, sonríe. Le hablo cualquier cosa, ella me toca la pierna bajo la mesa y sigue sonriendo. Me dice que necesita un pase, que El Penca la mata si se entera, que si no tengo que por lo menos mecha. Que ella no quiere hacerle daño al Penca, que le ha tocado difícil al pobre, vos sabés, lo de la droga y lo del tata. Qué del tata, le pregunto. El atentado en La Penca, me dice. Sin mucho esfuerzo recuerdo aquellas noticias en la época de los sandinistas. Una bomba, varios heridos y muertos, periodistas sobre todo. Ah, respondo y le subo la mano hasta donde quiero sentirla. Le digo que sí ando pero que mejor en mi apartamento porque habría que picarla, que la espero después de las dos. Entonces le explico cómo llegar. Regresa El Penca y me despido.

No supe nada más del Penca. Alguien dice que lo vio durmiendo acurrucado contra la pared de la iglesia, al costado norte, donde no pega tanto viento de noche. Le ha tocado difícil al Penca, mala suerte. Pero también es un mentiroso. Lourdes no lo tenía tan cerradito.


ii
Ni los números verdes intermitentes del reloj del vhs; ni los rayitos de polvo que entran por la rendija de la ventana; ni el espejo de cuerpo entero en la puerta del closet en el que se está viendo las nalgas; ni la foto de los dos cuando posaron de la mano bajo la catarata de Montezuma con ese efecto arco iris que les queda tan bien por encima; ni eso ni la sonrisa medio fingida medio de agradecimiento a la suegra que los deja vivir temporalmente en su casa; ni el recuerdo vago de un hombre grande que la llevaba a Plaza Víquez cuando niña; ni el número de su ex mejor amiga tachado en la libreta de teléfonos; ni las ganas de salir hoy en la noche; ni la esperanza de mantenerse todavía limpia -una noche más sin droga-; ni la idea de algún día tener su apartamento con cuarto y baño propio, agua caliente y tele con cable; ni la acetona con que se limpia el esmalte negro de las uñas; ni ese olor que le recuerda algo, tampoco eso; ni sus piernas largas y firmes; ni sus tetas ni grandes ni pequeñas; ni el roce con la blusa de polyester que le endurece los pezones. Nada de eso. Nada va a cambiar lo que dice el sobre que la espera, todavía cerrado, en el Laboratorio Clínico Jerusalén: Solís Hernández, María Lourdes, cédula 1-889-645, referencia: 64108, método: Prueba Western Blot en la sangre, resultado: positivo.


iii
Había un armario donde mamá guardaba todas sus cosas de coser y la ropa que había dejado mi tata. Había una puerta grande de nazareno que cuando lo velaron estuvo abierta toda la noche. Tenía siete años y no lloré. Un tiempo luego escribí una canción pero no se la enseñé a nadie, no sé bien por qué, creo que por timidez. Eso es lo único que recuerdo de la infancia, después todo pasó muy rápido. A los quince mamá me echó de casa cuando vendí su Singer para comprar perico. Tuve mil trabajos temporales: jalando bolsas en un súper, repartidor de lácteos, panadero en La Selecta, ayudante de mecánico, bartender. Ahí fue cuando casi me termino de hundir. Al renco lo empujan. Salí huyendo de la capital, conseguí trabajo en una finca en Los Chiles. A varios kilómetros de allí, en La Penca, fue donde mataron a mi tata. Extraña coincidencia. En dos años no me metí nada. Pero decidí volver, no sé bien por qué, supongo que porque soy de ciudad. Necesitaba el olor del asfalto después de un aguacero, los supermercados con sus largos pasillos blancos y sus estanterías todas en orden, las luces rojas de los carros que algunas veces me parecían ojos de animales nocturnos. Tengo cuatro meses de trabajar como chofer de empresa de tours. Conocí a una mae, un año menor, Lourdes. Es una máquina de coger. También tiene su historia pero dice que conmigo está bien, que se siente fuerte. A mi máma le compré una Singer, un modelo más nuevo. Vivimos con ella, por ahora. Yo también empiezo a sentirme fuerte. Creo que vienen tiempos mejores. Sé que vienen tiempos mejores.

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viernes, octubre 19, 2007

viernes

Las hormigas vinieron en las cajas de la mudanza. Eso es solidaridad. El depto nuevo comienza a parecerse a una casa, de otro, pero una casa.

De noche, vista desde el ventanal de la sala, tercer piso, la cordillera volcánica central desaparece.

Francisca se mueve silenciosa por cada ambiente del apartamento. Para allá con la escoba, para acá con el balde. Dentro de esa boca siempre cerrada brilla un diente de oro.

Hace veinte horas vi, desde la puerta del café, cómo Felipe Granados la volvía a poner en el ángulo.

De noche, en la sala a oscuras iluminada apenas por un monitor monocromático, las fotos de otra época desaparecen.

Catatónico en la cama, el camino de hormigas parece una grieta en la pared.

El punto alto de una semana estéril: the saddest thing that I'd ever seen / were smokers outside the hospital doors (Editors). No, el punto alto de una semana estéril: cocinarle hoy a Francisca.

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martes, octubre 09, 2007

contabilidad

El camión de la mudanza llegó el sábado. Sólo un ciclotímico se mete en eso un día antes del referendo. El domingo fui a votar a la Napoleón Quesada a mediodía y ya todo olía mal.

Pero de los muertos mejor no hablemos. El país sigue para donde iba. En la tarimas del status quo se celebra con bailongo y modelos Shirley, Kendry y así. El Poder no sólo corrompe, banaliza.

Ya de noche, sin tele en la casa nueva, el molde la cabeza en la almohada, sólo se oyen los pitos de la mitad más cincuenta mil y el rumor de un discurso que trae el viento, uno marca síndico-progre. Lo único peor que la condescendencia del Poder cuando triunfa, es la sangre en el ojo de los que pierden.

Entro al sueño con la imagen y audio de Volio hablando à la Chemise, con ese tono de cuando quieren sonar como campesinos. Tranquilo, me digo, que esto recién empieza. Detrás de ese rumor patético que trajo el viento se viene gestando el otro, ya empieza, ya asoma, se oye, se siente, Pinocho Presidente.

Estoy en un ciber, allá en el depto nuevo Henry, el albañil, pica la pared buscando por dónde putas se fuga el agua. Todo está patas arriba, en cajas de cartón, bolsas de plástico. Si un tercero entrara no sabría si alguien llega o se va.

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jueves, octubre 04, 2007

martes, octubre 02, 2007

transparencia my ass (mail de un amigo)

From: luis Fernando Gomez
Date: Oct 2, 2007 6:58 AM
Subject: Editorial minuto 3 y FINAL

¿Qué es esa insistencia empachosa en respetar la institucionalidad?
¿Qué es esa insistencia empachosa en respetar y acatar el resultado final?

Es como si dias antes de un clásico, uno de los equipos Y SOLO UNO (en este caso Saprisa que es el que tiene el dinero) INSISTIERA en respetar y acatar las decisiones arbitrales del próximo domingo.

Y no solo eso. Ahora les da por apostar TODO o NADA. Como si la patria fuera un caSIno, en la mas antidemocrática de las expresiones.

Con los Arias es todo o todo. Y así se lo hizo saber Otto Guevara a Pilar Cisneros en el debate del domingo, cuando en un sobre le entregó el marcador final.

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lunes, octubre 01, 2007

amarillo cian y magenta

No llegué más allá del primer jazz. Del que podríamos llamar clásico. Se me acabó el aire unos metros antes de la línea de salida del jazz fusión y de las variantes que siguieron. No me basta con saber que en general lo hacen músicos talentosos, no me convence el argumento del virtuosismo. Es cuestión de gustos. No me mueve nada, me aburre, siento que quedo fuera, que se trata de música para músicos. Se escucha sentado, con cara de estar aprendiendo algo. Nadie baila jazz y quien se atreve se ve, en el mejor de los casos, ridículo.

Una noche, hace un par de años, en un intermedio del Papaya Fest, pregunté quién seguía. “Amarillo Cian y Magenta –contestó alguien- un grupo de jazz”. Impulsado por un reflejo casi biológico empecé a caminar hacia el Morazán. Antes de llegar a la salida de la explanada del concierto, arrancó la primera pieza de Amarillo Cian y Magenta. Concediéndole el beneficio de la duda, me quedé, seguro de que en cualquier momento iban a entrar a ese país del jazz para el que no tengo visa. Por el contrario, cada tema que tocaban iba alejando al Morazán de mi horizonte inmediato. Aquello que hacía el grupo de músicos que se plantaba en el escenario como quien se para en un trampolín tenía la fuerza gravitacional, el poder imantador, que, en mi caso, nunca había sentido del jazz fusión.

El mundo da tantas vueltas que parece que no se mueve y hoy, algo que no imaginé la noche de aquel concierto, me toca acompañar a Amarillo Cian y Magenta en la presentación de su primer disco. No soy músico, ni crítico de música, pero como muchos de ustedes, un buen tema puede hacer, mientras dura, una o varias de estas cosas: alegrarme el día, hablar por mí, ponerme en mi lugar, invitarme a reflexionar, depositarme en otra galaxia.

Nómadas, el disco debut de ACM, tiene ese poder. Un conjunto de piezas que crean y habitan un sonido reposado, una arquitectura minimal, una atmósfera ubicada en el extremo opuesto del ruido, de la estridencia, de la ornamentación. Si bien el punto de partida tiene que ver con una ética del jazz, ACM se desplaza rápida pero elegantemente hacia otros rumbos. Sin anunciarlo, rozan el rock sinfónico, el drum and bass, la percusión latina, el reggae, el espíritu del lounge y el ambient. Es difícil etiquetar el resultado, digamos que es un jazz lo-fi, un fusión a contravía.

Cada tema del disco tiene su superficie, cada una su profundidad. Con este disco, ACM logra algo raro entre los grupos instrumentales. Si uno se concentra, escucha la letra de cada canción.


(Tenía que leer esto el día de la presentación del disco la semana antepasada. No fui pero lo leyó Sauma en mi lugar.)
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