jueves, julio 10, 2008

qué fue de ronald lanzoni

Este artículo comienza en el kilómetro 30. Los corredores de maratón saben muy bien de qué se trata, a este punto de la carrera se le conoce como “el muro”. Se dice que si uno logra superarlo, termina la carrera; si afloja para descansar un poco, allí se queda. Este artículo empieza, entonces, donde muchos bajan la cabeza, donde quienes siguen lo hacen impulsados menos por los pies que por la mente.

Estamos en la sede de la Escuela Nacional de Policía, en Barrio Naciones Unidas (frente al Centro Comercial del Sur), afuera de las aulas, decenas de jóvenes, casi todos hombres, en actitud-recreo. Ronald Lanzoni aparece de pronto en la boca de un pasillo más largo que ancho, después de abrirse paso entre los muchachos que poco o nada deben saber de su expediente deportivo. Es de complexión delgada, de huesos pequeños, lo que llaman una persona menuda. Además, para quienes lo vimos siempre en indumentaria deportiva, vestido de civil parece más bajo.

Más allá, en una silla de barbería (sigue)

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14 comentarios:

Warren/Literófilo dijo...

Yo de chamaco creía que Ronald Lanzoni era Ronald Mc Donalds que luego de hacer anuncios salía a correr, que varas de loco.

Anónimo dijo...

no creí que iba a leer un artículo sobre un corredor, jajaja...ese señor tiene un nombre digno de personaje de novela policial (y no por nada lo de la escuela de policía!!)

M.

itzpapalotl dijo...

tengo recuerdos vagos de ese señor, me llegan como una señal ruidosa mezcla de dos deportivo y notiseis.

tetrabrik dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
tetrabrik dijo...

claro itz, y los acordes introductorios de la versión de santa esmeralda de "don't let me be misunderstood"

no sé quién dijo...

rrrrrrapapap clap clap clap claclaclap clap clap... y después la guitarrilla...

qué tiempos aquellos

Gustavo Adolfo Chaves dijo...

Yo lo recuerdo en la Maratón de Seúl 88'. Eran los tiempos en que había suficiente deporte en Costa Rica como para tener revistas especializadas: la Triunfo, por ejemplo, cuyas contraportadas, para orgullo del Grupo Nación, se convirtió en una especie de proto-Chavespectáculos... Bikinis, bikinis. Pero sí, Rónald Lanzoni salía ahí y en boca de Mario Segura cuando este no sabía que más decir de Saprissa. Un señor deportista.

agus dijo...

No soy "tica" (me encanta que se conozca a los costarricenses así) y nada sé de la historia del maratonista, pero me encantó el texto. La manera de decir, Luis, la manera de decir y de contar.

saludos desde la Pampa

Anónimo dijo...

Sos, en mi opinión, un escritor maravilloso.

Grande!

Beto dijo...

Veo que la generacion nuestra (la de los treintones) fue más afectada por el intro de Seis Deportivo (posteriormente Dos Deportivo) de lo que uno podría creer. Es la imagen mental inevitable cuando suena en algún lado la pieza de Santa Esmeralda.

luis fer dijo...

Seguro que el reportaje que le hizo (puta se me fue el nombre del periodista) a froylan ledezma, no por su incursion al ajax, sino, por el mercedez descapotable azul que andaba mostrando en los bares capitalinos y en ocotal.

Algo asi como lo que hace marylin gamboa en 7 estrellas, cuando se levanta a cualquier mozote y lo lleva a marearse a borde del nissan pathfinder. Y este se la cree y le contesta, y la otra se siente periodista y medio pais viendolos. Incluido yo.

Anónimo dijo...

excelente artículo Chaves... ¡capo!

spy vs spy dijo...

Muy bien el guiño a los Angry Young Men. Me parece que hicieron una película sobre ese libro.

Bueno volver por acá.

Juan Murillo dijo...

Recuerdo haber oído por primera vez el nombre del libro de Sillitoe en una pieza de Iron Maiden y haber pensado esa era la verdadera definición de espacio personal. Una zona inviolable que lleva a su alrededor el corredor y que comparte, si acaso transitoriamente, sólo con otros corredores que también entienden de que se trata. En un mundo donde la soledad se ha redefinido más bien por la agresión de ser ignorado por otros, cuando ya no puede uno verdaderamente estar sólo en ninguna parte, aun queda este reducto de libertad y de condena donde todo depende de uno mismo, no muy distinto a la vida misma.