viernes, julio 24, 2009

taller de poesía

Un gol en contra en el minuto 87 de un partido de gran nivel puede ser fatal. O puede preparar el terreno para una momento de gran plasticidad. Los mexicanos esperan que termine el partido, pero a 25 segundos del final un despeje largo, la cabeza de Saborío que gira en el aire en el momento exacto en que hace contacto con el balón, Ledezma, el Cachorro apocalíptico, le saca la billetera al lateral y en nanosegundos se cambia a pierna izquierda una pelota que le había caído a la derecha. Golazo. La orden de ese último movimiento de Froylán no se genera en el cerebro. Eso es el cuerpo pensando. Si le da con la derecha y anota es un gol. Pero el cuerpo elige la zurda porque sabe que es más hermoso, más plástico. Entonces en los bares y en la calles se abrazan los desconocidos.

(Hay que decir que es invaluable la narración del cronista mexicano)

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8 comentarios:

Juan Murillo dijo...

¡NO PUEDE SER! ¡MALDITA SEA! ¡NO PUEDE SER!

Priceless

Anónimo dijo...

¡¡¡¡Dos bolsas para el cachorro!!!
No malinterpreten, es una de cal y otra de arena...:DDD

emilia dijo...

...más lindo como lo decís vos....

esteban dijo...

abrazo desconocido

César Maurel dijo...

Rectifico Esteban: Un gol para abrazar desconocidas

Sentenciero dijo...

El único que pensó fue el de "sí pudo ser...". Estas plasticidades no se pueden agradecer con imprecaciones nacidas de la impotencia.

Marga dijo...

Me encanto la frase de "es el cuerpo pensando"

no sé quién dijo...

Tuve chance de verlo, rodeado de conocidos y desconocidos en un lugar en Atenas. Es raro ver cómo se puede uno de repente sentir cerca de, no sé, 300 personas, y pensar "somos nosotros". Si hubiéramos ganado el partido, no sería tan claro el recuerdo y la intensidad de ese momento. Mejor así.