miércoles, junio 17, 2009

el don de creer

La Editorial Germinal invita hoy miércoles 17 de junio, a las 7:00 p.m. en el Bar Rayuela (25 m oeste de la Asamblea Legislativa) se presenta el libro

El don de creer


de la poeta argentina Leonor Silvestri.


Acompañan Felipe Granados, Alejandra Solórzano, Juan Hernández y Luis Chaves.

Luego toca Turbios Strepitossa. Entrada gratuita. Promoción de cervezas toda la noche.

**
Kronstadt, no te olvido no

El joven anarquista dogmático y febril no lo entenderá
El tonto y mesiánico troskista no lo entenderá
El limitado militante limitante no lo entenderá
El anacrónico enamorado de santos, mártires y pseudo glorias
del pasado no lo entenderá.
Que se sepa, que se sepa:
El marinero de Kronstadt era puto,
amaba a otro marinero, puto, como él
le gustaba otro varón, con olor
a arenque marinado,
le gustaba, insisto, calentarse cucharita,
pija contra culo, barba contra barba
piel contra piel
puto puto puto
para mí no es un dato menor,
contra toda evidencia
como señoras de barrio avergonzadas
de la pasión que otra pasión excita y alimenta
no querrán ver no, no querrán


--

jueves, junio 11, 2009

hoy

Las ambulancias no pueden entrar a la propiedad privada de la Autopista del Sol sin pagar, haya o no haya accidente. Por la pista, los carros del año. Por la ruta vieja, los Hyundai. Un periodista de La Nación se pregunta si no es más barato pagar el peaje que tomar la ruta alterna ahora colapsada (lo dice por el gasto en combustible, fibra de frenos, tiempo). ¿Por qué no disimula un poco?

El Banco de Costa Rica abre una capilla para que sus clientes puedan rezar antes o después de sus gestiones, según prefieran. El entrenador del CSH no sabe explicar, teológicamente, su historial de derrotas. Entonces se cree Job. ¿Sabrá quién es Job?

Y es así que la hija adoptiva de los hermanos Arias gana la convención del Partido Liberación Neoliberal, catapultada por la satisfacción de los electores con un gobierno de ricos para ricos. ¿Claro, si los ricos dejan de ser ricos quién le va a dar trabajo a los pobres?

En el salón donde esperaban el discurso del triunfo de Chinchilla estaba Fernando Sánchez, el del memorando del miedo. Donde quiera que estuviera, es probable que Clara Zomer celebrara con champán. ¿Laura los saludará de beso?

En otra calle del mismo barrio, Calderón, en fiesta privada, reconoce apoyar a Johnny Araya. ¿Cuánto vale darle otra cara a San José?

El único contendiente de la que parece será la próxima presidenta de Costa Rica, se precia de "orar" todas las mañanas. ¿Existe una palabra más pandereta que orar? Sí, templo ("vengo del templo").

En 8 de cada 10 taxis uno tiene que escuchar la emisora cristiana del chofer. El fascista autoproclamado "diputado de las minorías" cree que por ciego no merece un pichaso. ¿La oligofrenia es una discapacidad?

La clase media, en su peor expresión, mariquea por la inseguridad, la de la delincuencia común. Pero regatea precios en la Feria del Agricultor. Se tranquiliza cuando, en Repretel, ve a un escuadrón de fisiculturistas encapuchados y en anfetaminas derrumbando un cuchitril en Los Cuadros para sacar del pelo a la abuela que vende crack. ¿Los que escribimos en blogs somos clase media?

El país de la derecha. El país donde todos están de acuerdo en que "quien se enoja pierde". El país donde sobra mucho Dios y hace falta psicoanálisis. El país que iba para otro lugar y se quedó en este.

--

jueves, junio 04, 2009

kung fu

Con motivo de la muerte del Pequeño Saltamontes, subo este texto que había aparecido en julio del 2005 en una columna ya desaparecida también.

TRES ABUELOS

Hay algo que los viejos comparten. Ayer en un parque contemplé por varias horas a unos ancianos que convertían la mecánica ordinaria de alimentar a las palomas en un fenómeno metafísico. Esa forma de mirar y de moverse que, si bien es una acción en el presente, parece ubicarse no en el pasado sino en ese futuro que, por estadística, les es cada minuto más cercano. Entonces dejan de ser personas y se transforman en la vejez (que -sabemos- es el grupo telonero de la muerte). Ayer mismo, al descubrirme al borde de reflexiones tan lúgubres, decidí pensar en mis abuelos.

Mi abuelo materno, "el Don", tenía un taller de imprenta. Recuerdo caminar entre las patas de las mesas, coleccionar los sobrantes de sobres de manila, marearme deliciosamente con el olor del pegamento, oír la música concreta de las guillotinas accionadas manual y rítmicamente. El Don tuvo una vida desordenada, a tropezones. Probablemente atormentado por el reflejo de sí mismo que le devolvía su entorno, al final de la vida trató de reivindicarse convirtiéndose en un proto-protestante. La fe, esa prótesis de la voluntad y la razón. Pequeño y con pelos blancos asomados por sus orejas grandes, parecía pariente del Yoda. Suyo era el radio de transistores que, en las tardes, nos reunía para el Ja-ja del aire y Tres Patines.

Chaco, mi abuelo paterno, padre de once hijos, fue, además de zapatero, homeópata autodidacta. De niño me hipnotizaban, en su cuarto, los rayos de luz que atravesaban las decenas de frasquitos de vidrio ámbar, esos donde luego él depositaba las bolitas de azúcar que me curaron a mí y al resto de sus nietos de toda enfermedad curable. Fue un herediano estricto pero hogareño que logró transmitir el sentido de familia a su progenie numerosa.

Y tuve un abuelo postizo, hermano de mi abuelo paterno. Virgilio. El tío abuelo menos soltero que solitario, introvertido. Sin mayores posesiones materiales que los pájaros que cazaba en delicadas jaulas fabricadas por él mismo. Con debilidad por el alcohol, cuando no lo alcanzaba el delirium tremens en la calle, dormía donde su hermano. Era ese típico familiar que se queda solo en casa ajena, por ejemplo, el 31 de diciembre. Siempre me intrigó ese universo suyo inaccesible y la sensibilidad particular, nada convencional, que acaso develaba en ocasiones contadas. Alguna noche, que pasó en casa para cuidarnos a mi hermano y a mí, entré a la habitación y sentados en la cama vimos un episodio de la serie Kung Fu. No cruzamos palabra pero fue la única vez que sentí que conversamos de verdad.

El Don murió perseguido por visiones apocalípticas en una cama de hospital, disminuido por el cáncer. Chaco en su casa, rodeado de la familia que logró mantener unida. Virgilio murió solo en una habitación en la que lo encontraron horas después. Me gusta imaginarlo yéndose tranquilo, pausado, sus huellas atrás en la arena del desierto, mientras en la pantalla bajan los créditos sobre la silueta en retirada de Kwai Chang Kein.

(publicado aquí)

--

peaje my ass

Esto me lo pasa Luisfer, insigne contribuyente de Cuidad Colón. Hay que ir.

"El viernes a las 4:00p.m se iniciará una caravana, saliendo del puente de Pozos de Santa Ana y terminando en Ciudad Colón y el sábado estaremos en el peaje de Ciudad Colón a las 11:00a.m para hacer una manifestación en contra del peaje de Ciudad Colón y el cobro de 310 colones del peaje de Escazú que solo nos afecta a nosotros."

--