Descanso dominical leyendo Rosa y negro (una novela del 2009) de Paula Trama. Les dejo uno.
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Remera
Con el pico de sol y el fin del almuerzo, aparecen las ambulancias. Entonces me pongo algodones en las orejas y salgo a la vereda a verlas pasar. Algunas se detienen cerca, se abren, y la calle se llena de médicos.
Me pongo la visera y los sigo con la mirada: los más jóvenes van hacia el Coto. Tienen cuerpos casi gordos y los ojos inflamados. Inventaron una sensualidad de grupo, entre comprensiva y gélida. Uno me sonríe al pasar.
Los médicos aman el suspenso, rechazan las dudas y el silencio. Los peores odian los síntomas. El mejor es el que usa la remera de calaveras. De él no espero antídotos, voy a la guardia al mediodía sólo para verlo hambriento. Y sin que me lo pida, me subo a la camilla y me quedo dormida. Entonces la verdad brota más rápido: él llama al restaurant, pule la manija de la puerta, recibe un mensaje de texto.
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